Parte 3 — Trayectorias
Traducido del original en inglés.
Avancemos unos años. Los agentes que representan a personas, empresas e instituciones son algo corriente. El descubrimiento, la reputación y la confianza se han convertido en infraestructura, y el mundo digital está cada vez más operado y poblado por agentes y presencias.
Si se acepta esto, se abre una pregunta. Una vez que todo esté en su sitio y funcione, ¿qué viene después?
De eso tratan las páginas que siguen. Aun a riesgo de decir una obviedad, que quede claro: nada de lo que se describe en estos capítulos existe hoy, al menos no en la forma descrita. Una parte es muy probable, otra se parece más a una apuesta muy ambiciosa, y ninguno de estos capítulos pretende zanjar quién poseerá, operará o gobernará lo que describe.
Nadie conoce el futuro. Aun así, es tentador tomar los elementos que ya conocemos y proyectar lo que podría venir.
En 1995, una vez que se entendía la Web, algunas consecuencias se volvían difíciles de ignorar. La sección de anuncios clasificados de un periódico tenía la escasez de su lado: espacio limitado, distribución limitada, frecuencia de publicación limitada. La Web eliminó las tres. Cualquiera podía publicar, la información podía actualizarse de forma continua y la búsqueda permitía encontrar lo que importaba sin recorrer una página a mano. No hacía falta saber en qué se convertirían Craigslist, eBay o Google para ver que el viejo orden era inestable.
Ese es el espíritu de los próximos capítulos. Tomarse en serio los mecanismos. Suponer que escalan. Y después preguntarse qué deja de tener sentido, qué se vuelve posible por primera vez y qué tipo de estructuras aparecen para llenar el hueco.
Los detalles serán casi con toda seguridad erróneos. Las fuerzas que dan forma a lo que viene ya están en movimiento.
Primera nota: septiembre de 2026 · Última revisión: octubre de 2026